Japón. “Historia de los Hermanos Médicos” (cuento y leyenda)

Enviado por el Jun 6, 2015 en Cuentos, General, Medicina Natural, Niños, Personal, Psicoterapia Transpersonal

Historia, cuento, leyenda, este es un relato sobre la sabiduría y la humildad y lo increíble de la medicina de la Antigüedad.

“Hay una hermosa historia del Japón antiguo que cuenta que un noble pensador de aquella época preguntó una vez a su médico, el cual pertenecía a una familia de tradición de sanadores desde varias generaciones .¿Cuál de todos ellos era el mejor en el arte de curar, de conservar la vida del cuerpo, de la mente y del espíritu.

El médico, cuya reputación era tan grande, que su nombre  se había llegado a convertir en sinónimo de ciencia y sabiduría en todo el país le contestó lo siguiente después de reflexionar un buen rato:

Mi hermano mayor se inspira en los movimientos de la naturaleza y del cielo, respira el aire puro, inhala la fuerza del espíritu que transmite a través del complejo entramado de sus células a todo el que se le acerca. Transita por el camino de en medio, vive en una casa  pequeña cultivando su jardín, y habla poco.

                                                                               

El puede ver el espíritu de las personas,  ve donde aparecerá la  enfermedad, puede eliminarla antes de que tome forma, puede ver la proximidad de la muerte de su paciente, momento en el que ofrece su máximo consuelo lleno de amor  y extraordinaria dulzura …

De manera que la reputación de mi hermano siempre será desconocida e ignorada y no alcanza más allá de las briznas de hierba al borde de la puerta de su casa.

La gente lo ve como un hombre raro, vive en medio de la llanura y viene poco a la ciudad.  Su ser ha estado siempre en contacto con la divinidad, sabe que pertenece a Mushin, al espíritu de todas las cosas, no se hace responsable de este gran don, al que considera un préstamo del universo.

El segundo de mis hermanos, es Hannai, una mujer alegre e inteligente, cura la enfermedad cuando todavía es muy leve, justo cuando aparecen los primeros síntomas. Se mueve llevando flores curativas ofreciéndolas en regalo a las  familias,  por lo que su reputación no alcanza más allá del vecindario. Es más conocida por los niños que juegan con ella que por los mayores.

Su ser está creado en la inocencia y la modestia de los sabios antepasados, vive conectada con la vida, para poder ofrecer esperanza y vitalidad.               

Aprueba la muerte como merecimiento de buena conducta, de vida en plenitud;  como acontecimiento natural, ella es consciente de su don y se regocija en ello, practica la unidad de la vida y la muerte.

 

En cuanto a mí, dijo con una sonrisa, llevo cuarenta años  ejerciendo la medicina más básica, la que atañe a la enfermedad, ya localizada cuando queda poco por hacer, perforo venas, abro estómagos, pongo miles de agujas, receto mezclas complejas,  hago masajes en todo el cuerpo, trabajo durante meses con las personas, de manera que de vez en cuando, mi nombre llega a los oídos de los nobles. 

   Vivo conectado constantemente con la vida y con la muerte, veo morir todos los días, y escojo el silencio en mis momentos de descanso. Soy simplemente un trabajador urbano.

Reflexión:

¿No crees que hay demasiado miedo a vivir y a morir y que morimos y nacemos todos los días? Que necesitamos reafirmarnos en esta sociedad de consumo, porque en el fondo estamos escasos de valores esenciales?

¿Qué podemos hacer  para mejorar nuestras vidas?

Tal vez vivirnos con más alegría, activando lo que podemos hacer bien hecho, y hacerlo cada día, valorar el don de vivir, teniendo la oportunidad de saberlo y disfrutarlo, esta será nuestra fuerza de conciencia en los momentos difíciles, y no sentir desasosiego cuando llegue la muerte,  que nos encontrará bien vivos, como decía Krirnhamurti.