Comer en exceso nos hace menos inteligentes. La leptina disminuye nuestro cerebro.

Enviado por el Jul 9, 2017 en Ciencia, cocina

Esto ocurrió en el año de 1994. Un hallazgo dejó boquiabierta a la comunidad médica y cambió para siempre nuestra perspectiva del cuerpo humano y de su sistema hormonal complejo, así como la del sueño y su verdadero poder en la orquestación de todos sus valores. Justamente cuando creíamos que habíamos descubierto todas las hormonas y sus funciones, hallamos una nueva cuya existencia desconocíamos. Se le denominó leptina, la cual resulta que no es una hormona cualquiera, sino que, al igual que la insulina, es una de las principales y en última instancia influye en todas las demás y controla casi todas las funciones del hipotálamo.

En esta parte del cerebro habita tu dinosaurio interno, es decir, se trata de una estructura ancestral que data de antes de la existencia de la humanidad, que se localiza justamente en medio de la cabeza y que es responsable de las actividades rítmicas y de una amplia gama de funciones fisiológicas, desde el hambre hasta el sexo.

Pero quizá este descubrimiento se hizo hasta apenas hace poco porque la leptina se encontró en un lugar improbable: en las células grasas. Antes  solíamos pensar que las células grasas no eran más que acumuladoras de calorías innecesarias. Pero ahora sabemos que el tejido adiposo

participa en nuestra fisiología tanto como los otros órganos “vitales”, gracias a hormonas residentes como la leptina, que determina si terminaremos o no teniendo abdómenes grandes y cerebros pequeños. Primero que nada, cabe hacer una aclaración: la función de la leptina en el cuerpo, como la de casi cualquier otra hormona, es sumamente compleja. De hecho, el sistema hormonal entero es intrincado en extremo. Hay un sinnúmero de interrelaciones, y describirlas todas ahora es imposible, en este artículo.

Lo vamos a ver en términos simples y compartiremos lo más importante para dirigir nuestra salud hormonal y beneficiar a tu cerebro.  La leptina es, en su nivel más básico, una herramienta primitiva de supervivencia que se vincula de manera particular con la coordinación de las reacciones metabólica, hormonal y conduce a la inanición. Como tal, tiene un efecto poderoso en las emociones y en el comportamiento. Digamos que es una especie de portero, así que una vez que conozcas esta hormona sabrás cómo regular el descanso de tu sistema hormonal y, con ello, controlar tu salud de manera mucho más sencilla.

Aunque la leptina se encuentra en las células grasas, no significa que sea “mala”. En exceso, como todo, podría derivar en problemas de salud, sobre todo en enfermedades degenerativas y en una menor longevidad. Sin embargo, los niveles sanos de leptina hacen justamente lo contrario: previenen la mayoría de las enfermedades ligadas al envejecimiento y fomentan la longevidad. Mientras más aumentes tu sensibilidad a esta hormona fundamental, más sano estarás. Cuando hablo de “sensibilidad” me refiero a la manera en que los receptores corporales de esta hormona la reconocen y la usan para llevar a cabo diversas operaciones.

En esencia, la leptina controla el metabolismo de los mamíferos. La mayoría de la gente cree que eso es responsabilidad de la tiroides, pero en realidad es la leptina la que tiene control sobre la tiroides, la cual, a su vez, regula la velocidad del metabolismo. La leptina vigila todo el almacenamiento de energía y decide si hacernos sentir hambre y almacenar más grasa, o si prefiere quemar la grasa existente. La leptina orquesta la reacción inflamatoria e incluso es capaz de controlar en el sistema nervioso, la agitación simpática versus la parasimpática. Si alguna parte del sistema [hormonal] falla, incluyendo las suprarrenales o las hormonas sexuales, no tendrás posibilidades de resolver el  problema de fondo si no controlas los niveles de leptina.

La leptina es “el recién llegado a la cuadra que toma control de todo el vecindario”, denominación muy gráfica. La próxima vez que sueltes el tenedor y te levantes de la mesa, agradéceselo a tu leptina. Cuando tu estómago está lleno, las células grasas liberan la leptina que le indica a tu cerebro que deje de comer. Es el freno del cuerpo, lo cual explica por qué la gente con niveles bajos de leptina tiende a comer en exceso y comida basura o bebidas azucaradas para saciarse.

 

Un estudio  publicado en 2004 demostró cómo quienes experimentaban un descenso de 20% de los niveles de leptina tenían 24% más hambre y apetito, y se sentían atraídos a alimentos altos en calorías y en carbohidratos, en particular dulces, refrigerios salados y alimentos almidones. Pero, ¿qué causó este descenso de leptina? La respuesta es la  siguiente: la falta de sueño. Hacer una pequeña siesta al día siguiente de haber dormido mal puede ayudarnos a equilibrar la leptina.

 

La leptina y la insulina tienen mucho en común, aunque tienden antagonizarse entre sí. Ambas son moléculas que fomentan la inflamación, pero la leptina es una citosina inflamatoria, además de que desempeña un papel fundamental en los procesos inflamatorios del cuerpo. Por si fuera poco, controla la creación de otras moléculas inflamatorias en el tejido graso de todo el cuerpo y ayuda a explicar por qué la gente  es susceptible de padecer problemas inflamatorios, incluyendo aquellos que aumentan de manera sustancial el riesgo de desarrollar trastornos cerebrales, problemas de salud mental y enfermedades neurodegenerativas…. Esto ocurre con el sobrepeso y la obesidad, pero personas delgadas pueden tener este problema también, por tendencia de su cuerpo a tener inflamación. Tanto la insulina como la leptina son los amos y señores en la cadena jerárquica del cuerpo, por lo que los desequilibrios de estas hormonas tienden a formar una espiral descendente y a causar estragos en casi cualquier sistema del cuerpo, más allá de los que son controlados directamente por estas hormonas. Es más, la leptina y la insulina se ven influidas de manera negativa por cosas similares, y sus principales transgresores son los carbohidratos. Mientras más refinado y procesado esté el carbohidrato, más enloquecen los niveles de leptina y de insulina… por esto una alimentación bien equilibrada es indispensable para la salud. Hemos abusado y abusamos de los carbohidratos sobre la  inyección de insulina para el páncreas y el equilibrio del azúcar en la sangre a la larga deriva en una resistencia a la insulina. Lo mismo ocurre con la leptina. Cuando el cuerpo está sobrecargado y abrumado por sustancias que provocan disparos continuos de leptina, los receptores de esta hormona empiezan a apagarse, por lo cual te vuelves resistente a ella. Dicho de otro modo, los receptores dejan de escuchar el mensaje de dicha hormona, ceden el control y te dejan vulnerable a enfermedades inflamatorias y posteriores disfunciones. Así que, aunque aumenten los niveles de leptina, ésta ya no funciona, pues no le puede señalar al cerebro que estás lleno para que dejes de comer. Por lo tanto, si no eres capaz de controlar tu apetito, tendrás más riesgo de subir de peso o de tener enfermedades degenerativas, lo cual aumenta tu riesgo de padecer trastornos neurológicos. Hay estudios que demuestran que los niveles elevados de triglicéridos, característicos también de una dieta alta en carbohidratos, provocan resistencia a la leptina.

 

No hay un solo medicamento o suplemento en el planeta que equilibre los niveles de leptina, pero dormir mejor, así como comer mejor, bastará.

¿Soy resistente a la leptina?

Todos debemos hacernos esta pregunta. Por desgracia, millones de personas se califican como miembros distinguidos del club de los resistentes a la leptina y no les importa, comen todo lo que quieren, duermen poco, no hacen ejercicio, no se relajan o meditan, y un día repentinamente se enferman y mueren jóvenes; ya que la vida que llevamos hoy en día tiene altísimos niveles de estrés que potencias estos estados por la dichosa histamina y los radicales libres.

Es casi un hecho que lo eres si llevas una dieta alta en carbohidratos y no duermes bien. Ser incapaz de cambiar tu apariencia corporal, sin importar cuánto ejercicio hagas, o ser incapaz de bajar de peso y de evitar el rebote, ansiar con frecuencia “comida reconfortante dulce, muy salada o picante”. Sentirse fatigado después de comer. Sentirse ansioso y estresado de manera constante. Sentir hambre  a  menudo, y a las dos horas de haber comido o  a altas horas de la noche.

Tener la tendencia de comer tentempiés después de las comidas. Poseer altos

niveles de triglicéridos en ayunas (por encima de 100 mg/dL), sobre todo cuando igualan o exceden los de colesterol. Tener osteoporosis. Dolores de cabeza antes o después de comer. Erupciones y picores cutáneos. Tener problemas para dormir o para no despertar en medio de la noche. Tener la presión arterial alta. Ansiar con regularidad azúcar o estimulantes como la cafeína. Tener “llantinas” intermitentes sin motivo. No te asustes si tienes razones para creer que eres resistente a la leptina, pues busca la dieta paleolítica en mi blog y síguela, relájate, duerme bastante, aunque sea con pastillas, hay preparados homeopáticos muy buenos, haz algo de ejercicio, como caminar dos veces al día media hora cada vez, aprende a respirar con relajación y aprende de la meditación, busca un grupo y acude a practicar.

Un abrazo, Laura